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EL PETROLEO Y EL FUTURO DEL PLANETA

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EL PETROLEO Y EL FUTURO DEL PLANETA

16/03/08

Virgilio Ángel Galeano

El lunes 3 de marzo, el precio del petróleo crudo alcanzó los $103.95 por barril en el Mercantile Exchange de Nueva York, rebasando el registro alcanzado hace cerca de 30 años, durante otro momento de caos en Oriente Medio. Esta nueva marca, ¿quedará en los anales de la historia mundial como un momento decisivo, o será olvidada a medida que los precios caigan, como ocurrió luego del pico alcanzado en abril de 1980?

Cuando se traza el gráfico de la evolución temporal del costo del petróleo, y vemos la crisis petrolífera de 1980 -desencadenada por la revolución iraní del Ayatollah Jomeini- se destaca como pico descollante; esa curva de precios. Pero, antes y después de aquel momento, los suministros petroleros se manifestaban muy suficientes para satisfacer a la creciente demanda mundial, en parte porque los saudíes y otros grandes productores eran capaces de compensar la caída de la producción iraní. Lo que hicieron fue simplemente incrementar substancialmente su producción, inyectando un excedente de petróleo en el mercado mundial. Ayudados por la explotación de nuevos campos en Alaska y en el Mar del Norte, los precios se desplomaron y se mantuvieron bajos durante la década de los años 90 (la excepción fue el breve pico que siguió a la invasión de Kuwait por parte de Irak, en agosto de 1990).

Nada parecido parece que vaya a ocurrir ahora, a menos que EE.UU intente una nueva aventura "civilizadora". No se ve una fácil solución de este tipo para el actual incremento de precios, que ha disparado los costos del crudo en un 74% en el último año. Por lo pronto, no se enfrenta el mundo a un pico repentino, sino a los resultados de una subida paulatina e ininterrumpida que, habiendo comenzado en 2002, no muestra signos de detenerse. Ni puede tampoco puede atribuirse esa subida a un único factor desbaratador del negocio energético o de la política mundial. Es más bien el producto de múltiples factores, todos endémicos de la producción energética y todos característicos de nuestro tiempo. No hay perspectivas de que vayan a desaparecer en el breve plazo.

De todos modos tres factores son, en particular, responsables del actual incremento: la gran demanda de petróleo entre las viejas potencias industriales y las nuevas emergentes economías, dinámicas de China e India; entre esas necesidades se encuentra la gran incapacidad de la industria energética mundial para aumentar los suministros de acuerdo a la creciente demanda de ese petróleo; y la intensa inestabilidad política y social, creada en las regiones de mayor producción petrolífera.

Un tsunami de necesidades energéticas

El papel crucial desempeñado en el mercado energético mundial por las economías dinámicas, de países en desarrollo en Asia era evidente al romper el siglo XXI, apareciendo con sus formidables tasas de crecimiento, esos países deben disponer de más petróleo (y otras formas de energía) para alimentar sus industrias en expansión y satisfacer las aspiraciones de sus ascendentes clases medias. De acuerdo con el U.S. Department of Energy (DoE), la demanda petrolífera conjunta de China e India, que llegaba a 8,9 millones de barriles diarios en 2004, llegará a los 12,1 millones de barriles en 2010 y a 15,5 millones de barriles en 2020. Son incrementos que no tienen forma de ser satisfechos. Si incluimos en estas demandas los cálculos del consumo brasileño, mexicano, surcoreano y el de otras naciones que avanzan con proyectos de rápida industrialización, la demanda procedente del mundo en desarrollo realmente se disparará a niveles que provocarán crisis de incalculables resultados.

A ese tsunami de nuevas necesidades energéticas hay que añadir un elevado nivel de consumo por parte de las potencias industriales maduradas, encabezadas por EEUU, la UE y Japón. No hay indicios que se moderen, lo que significa que el planeta se enfrenta a un incremento sin precedentes de la demanda total de petróleo. De acuerdo con el DoE, el consumo petrolífero conjunto, que alcanzó los 83,7 millones de barriles diarios en 2006, llegará a los 90,7 millones de barriles en 2010 y a 103,7 millones en 2020. Estamos hablando de un incremento de 20 millones de barriles por día en sólo 15 años. Para lograrlo, se precisaría de un esfuerzo inmenso, increíblemente costoso, por parte de las más grandes compañías petroleras del mundo (de sus prestamistas, y de sus respaldos gubernamentales), y aun así, con todo ese esfuerzo podría resultar inútil.

Los consumidores de EE.UU, que se enfrentan al infierno de los precios disparados en las gasolineras, se ven ahora, además, perjudicados por que el grueso de las transacciones petrolíferas se desarrollan en dólares. Dado el declinante valor del dólar en relación con otras monedas, terminan pagando más valor por barril que lo competidores que pueden convertir los dólares en euros, yenes y otras monedas fuertes antes de competir con los yanquees en el mercado energético internacional. Los inversores globales, percatados de esa tendencia, tienen la opción de deshacen de sus dólares en favor de otras divisas o comprar futuras divisas petrolíferas, lo que hace redundar en la caída de la moneda estadounidense y en el incremento del precio del crudo. (esa es la realidad inmediata)

Un mundo petrolífero duro

Detrás de esta demanda petrolera el mundo se enfrenta a la crisis de la producción. La industria energética se encuentra en el difícil proceso de transición entre un mundo de fáciles suministros petroleros a un mundo con condiciones petroleras muy duras. Hace mucho que nos familiarizamos con suministros de "petróleo fácil": reservas petroleras gigantescas enclavadas en países estables y amigables que proporcionaron el grueso del petróleo mundial durante los años constitutivos de la Era del Petróleo que van desde fines del siglo XIX hasta el embargo petrolífero árabe de 1973.

Esas enormes reservas incluían Ghawar en la Arabia saudita, Burgan en Kuwait y Cantarell en México; unas campos petrolíferos de monstruosas dimensiones, capaces de producir diariamente centenares de miles y aun millones de barriles de crudo. Sin embargo, el último cuarto de siglo prácticamente no se han descubierto campos de esas dimensiones. Por consecuencia, el mundo se ha hecho más y más dependiente de campos petrolíferos más pequeños, a menudo localizados en emplazamientos remotos y poco a propósito, cuyo desarrollo e inclusión en la red petrolífera precisa de inversiones mucho mayores. También eso cuenta en el precio del petróleo.

Ilustrando esa tendencia, está el caso de Kashagan, un gigantesco campo petrolífero descubierto en el año 2000 en la zona kazajstánica del Mar Caspio. Es el mayor descubrimiento hecho en todo el mundo en los últimos 40 años. Aunque dispone de significativas reservas de petróleo y de gas, el campo plantea desafíos serios al consorcio internacional de compañías petrolíferas que trata de apoderarse del contenido. Contiene elevadas concentraciones del venenoso gas hidrosulfúrico, que hacen imposible el uso de la tecnología productiva convencional (y por lo mismo, más barata). Los costos de desarrollo para llevar el campo a la red se han disparado desde los estimados 57 mil millones de dólares hasta los actuales 135 mil millones, y no se ve fin a ese incremento. Entretanto, la fecha prevista para el inicio de la producción en Kasagan no ha dejado de retrasarse. Prevista su inclusión en la red petrolífera mundial para el año 2005, ahora se habla del año 2011, como rápido. Este retraso ha llevado a un frustrado gobierno kazjano a exigir que la compañía energética de titularidad pública KazMunaiGaz tenga una participación mayor en el consorcio que opera en el campo.

El grueso de los otros grandes descubrimientos de los últimos años -el campo "Jack" en aguas profundas del Golfo de México, el campo Doba en el Chad, los campos circundantes a la Isla rusa de Shakalin y el campo Tupi en las profundidades del Atlántico brasileño- presentan características similares. O están en enclaves muy remotos y de difícil desarrollo, o entrañan relaciones problemáticas con gobiernos poco fiables, o, peor aún, combinan de una u otra forma ambos inconvenientes. Pueden hacerse los cálculos necesarios en lo referente a costos futuros de producción petrolera en esos sitios.

Esta es la mala noticia para los consumidores en surtidores de gasolina: la incapacidad de la industria energética mundial debe acomodarse a la creciente demanda y se acentuará con toda justicia más y más en los años venideros, a medida que el mundo alcance la máximo producción petrolera diaria sostenible y comience lo que casi todos los expertos coinciden en pronosticar como un declive irreversible. Nadie puede estar seguro del momento en que eso llegará, pero un creciente coro de especialistas cree que nos estamos acercando cada vez más a ese momento de "pico de producción petrolífera": algunos especialistas estiman que podría darse muy pronto, entre 2010 y 2012.

El petróleo como generador de conflictos

No hay que olvidar, a fin de cuentas, que el equivalente de la Revolución iraní de 1980 sigue con productores y consumidores de petróleo. Las regiones petroleras centrales del planeta están en una situación de crisis crecientemente agravada, y el precio del petróleo se ve regularmente presionado al alza por esa crisis. Irak, que dispone de las segundas reservas petrolíferas más importantes del mundo, está trastornado por la guerra. Nigeria, un importante suministro de EEUU y de Europa, ha experimentado recientemente una significativa reducción en su producción debido a la violencia étnica que azota a la rica región petrolífera del delta del Níger. La producción venezolana ha caído porque se purgó de la compañía petrolífera de titularidad estatal PdVSA a muchos tecnócratas anti-Chávez. La producción de Irán ha sufrido como consecuencia de las sanciones económicas impuestas por EEUU. La violencia política, la corrupción y la interferencia estatal en el sector energético han llevado también a una menguada producción en el Chad, México, Rusia y Sudán.

En definitiva el actual gobierno norteamericano, es el principal saboteador del suministro de petróleo. Sus ansias expansionistas y demostrativas de poder militar, favorecieron que los factores de consumo se redujeran a los niveles actuales y provoquen la crisis de la economía, en los momentos actuales.

En otro tiempo, los mayores productores petroleros del mundo pudieron compensar un desplome de la producción en alguna región recurriendo drásticamente a la capacidad "ahorrada" (sus reservas) a disposición. Eso fue fundamental en 1990, tras la invasión iraquí de Kuwait, y más tarde en 2001, luego del 11 de septiembre. En dos ocasiones, la Arabia saudita, simplemente, subió la producción, añadiendo centenares de miles de barriles diarios de sus reservas de ahorro, evitando por esa vía una catastrófica crisis energética en EEUU. Pero los saudíes y otros miembros de la OPEP ya no disponen de esas reservas significativas de ahorro. Están bombeando el petróleo que son capaces de absorber para beneficiarse del actual incremento de precios. Por tal motivo cualquier caída inopinada de la producción en regiones conflictivas se traduce inmediatamente en un incremento de precios.

¿Se puede esperar que los niveles de conflicto en zonas productoras de petróleo acaben por favorecer al mundo "civilizado", trayendo una baja de precios? No!!! Esa idea no es una perspectiva realista, porque la producción petrolera actúa como generadora de los conflictos. Aunque la extracción de petróleo genera una enorme riqueza para las elites privilegiadas, en muchos países deja otras identidades étnicas o religiosas, con pocos beneficios procedentes de un recurso que tienen a la vista, pero no utilizan. En la región del Delta del Níger, por ejemplo, las minorías étnicas siguen combatiendo por obtener una mayor participación en unos beneficios petroleros históricamente monopolizados por unas elites radicadas en la lejana capital nacional, Abuja. Análogamente, los kurdos en Irak siguen combatiendo por hacerse del control de beneficios petroleros generados por los gigantescos campos petroleros emplazados en las zonas de ese país devastado por la guerra y que ellos consideran suyas. Se corre así, el riesgo de que la ciudad petrolífera de Kirkuk termine por convertirse en un campo de batalla.

Aunque nadie puede predecir exactamente dónde estallarán los próximos conflictos por la distribución de los beneficios petrolíferos o por el control de campos petroleros valiosos, se puede predecir sin mucha astucia que, esos conflictos seguirán siendo un elemento inevitable -e inevitablemente disparador de los precios- del paisaje político global. No es sólo que ahora la inestabilidad sea la norma; el inevitable corolario es su difusión por todas esas regiones y el alza de los precios del petróleo.

Un "lunes negro" energético

El fondo: el precio del crudo ahora es alto, como en 1980, por una interrupción temporal del flujo global de petróleo?, No, no, no. Las razones son producto del sistema que, se agravaran con el tiempo. Eso quiere decir que los titulares con la frase: "El precio del petróleo bate otra marca" serán un lugar común por mucho tiempo. Tarde o temprano, los crecientes costos energéticos terminarán por precipitar a los EEUU y a las demás naciones consumidoras de petróleo a una profunda recesión, deprimiendo por esa vía la demanda y trayendo, consigo una bajada de los precios de la energía. Mas no es éste el camino que nadie quiere elegir voluntariamente para abaratar precios.

¿Cuáles serán las gravosas consecuencias de unos precios energéticos más elevados en los Estados Unidos? Para el consumidor corriente, la respuesta es tan simple como desoladora: una calidad de vida decadente, a medida que desaparecen los gastos que ahora son discretos ante los crecientes costos del transporte, la calefacción y la electricidad, por no hablar de elementos básicos como la comida (para la cual, desde los fertilizantes hasta el empaquetamiento, el petróleo es una necesidad). Para los pobres y los ancianos, las implicaciones son terriblemente desoladoras: en algunos casos, no ofrece duda, significa tener que elegir la calefacción en invierno, o una alimentación adecuada y asistencia médica. (caerán hacía una vida tercer mundista)

Están, por último, las implicaciones para el conjunto de los EEUU. Puesto que dependen del petróleo cerca del 40% del suministro energético total, y puesto que aproximadamente dos tercios de su crudo son importados, el país se verá forzado a dedicar una parte cada vez mayor de su riqueza nacional a las importaciones energéticas. Si el petróleo se mantiene, o sube por encima de los 100 dólares por barril en 2008, y si, como se espera, los EEUU importan unos 4,75 mil millones de barriles, el drenaje neto de dólares será probablemente del orden de los 475 mil millones de dólares. Esa partida será la que más contribuya al déficit de la balanza de pagos estadounidense, y seguramente acabará siendo un factor de peso en la continuada erosión del dólar.

Los principales receptores de petrodólares -los mayores estados productores de petróleo del Golfo Pérsico, la antigua Unión Soviética y América Latina- se servirán sin duda de su riqueza acumulada para hacerse con buenos pedazos de activos estadounidenses o, en el caso de Venezuela con Hugo Chávez, los príncipes sauditas, para perseguir objetivos políticos incompatibles con la política exterior norteamericana. Su proclamada condición de "única superpotencia del mundo" se irá revelando efímera, a medida que nuevas "super-petropotencias" -un neologismo acuñado por el Senador por Indiana Richard Lugar- vengan a imperar sobre el paisaje político.

Así pues, en resolución, aunque el 3 de marzo pasado ocupó brevemente los titulares, puede que acabe siendo recordado como el verdadero "lunes negro" del nuevo siglo, como el momento en que los costos energéticos se convirtieron en el factor decisivo de la balanza del poder económico global.

El mundo avanza rápidamente hacía el abismo...

Virgilio Ángel Galeano

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